La decisión que llevó a Rosario Central al título y la reacción del fútbol argentino
En un golpe bajo al espíritu deportivo y a la sana competencia, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) entregó a Rosario Central un título por secretaría que ha provocado una marea de indignación. La decisión, sin precedentes y tomada a espaldas del reglamento preexistente, culminó en una entrega de trofeos de baja estofa, alejada de la liturgia del campo de juego. Es, en esencia, la coronación del juego sucio, una muestra más del manejo arbitrario que pudre al fútbol argentino.

Un premio devaluado
No importa cuán meritoria haya sido la campaña de Rosario Central en la tabla anual, la forma en que se obtuvo este reconocimiento lo mancha de ilegitimidad. El fútbol es más que puntos; es pasión, es lucha, es la emoción de una final. Despojar al campeonato de su instancia definitoria y convertirlo en un simple premio de consolación es una bofetada al esfuerzo de todos los demás equipos. En las redes sociales, la burla y la indignación crecen: la afición de otros clubes, como Newell’s y Talleres, no dudan en calificarlo como una vergüenza.
Un mensaje de impunidad
Esta acción de la AFA, encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia, es más que una simple falta de respeto; es una declaración de intenciones. Un mensaje a gritos de que las reglas pueden ser cambiadas a conveniencia, que la meritocracia es un chiste y que el poder se impone por sobre la justicia deportiva. La imagen de Ángel Di María posando con una copa entregada en una oficina, lejos del césped que debería haberla validado, es el triste símbolo de un fútbol que se pudre desde adentro.
El silencio del cómplice
Y en este escenario de bochorno, cabe preguntarse dónde están las voces críticas de aquellos que deberían fiscalizar el juego. La connivencia de los dirigentes del fútbol en esta pantomima es evidente. ¿A qué se debe este servilismo? ¿A qué favores responde esta complacencia? La AFA ha demostrado una vez más su capacidad para inventar títulos y torneos, repartiendo migajas en un intento por silenciar la creciente podredumbre de un sistema que hace tiempo dejó de ser un deporte.
La mancha de la vergüenza
Este “campeonato de escritorio” será un trofeo descolorido, recordado no por la gesta deportiva, sino por la bajeza de la maniobra. Un título que, en lugar de honrar la historia de Rosario Central, la mancha con la vergüenza de un regalo sin merecimiento. El fútbol argentino, alguna vez un reflejo de la pasión de su gente, se ha convertido en un circo de intereses oscuros, donde las decisiones se cocinan a la sombra de los despachos, muy lejos de la mística de los estadios. Y de eso, de la manipulación de la gloria, también se debe dejar constancia gráfica, porque una foto puede gritar más que mil palabras.